La piedra natural —caliza, arenisca, granito, mármol o la piedra de Montjuïc y de Sant Vicenç de tantos edificios catalanes— es uno de los materiales más nobles de la construcción, pero también de los que más sufre una limpieza agresiva.
La contaminación, el verdín y el paso del tiempo la oscurecen y forman costras. Nosotros la limpiamos con láser, que retira esa suciedad capa a capa y se detiene al llegar a la piedra sana.
Qué tratamos
- Costras negras y hollín de la contaminación en fachadas, cornisas y relieves.
- Verdín, musgo y microorganismos en zonas húmedas o con poca insolación.
- Grafitis y pinturas antiguas sobre la piedra.
- Acabados tradicionales como el abujardado, eliminando la suciedad de sus huecos sin desgastar las aristas.
Por qué no con arena ni con ácidos
El chorro de arena desgasta la superficie, redondea las aristas, borra el labrado y abre el poro: la piedra queda más vulnerable y vuelve a ensuciarse antes. Los ácidos pueden manchar la piedra de forma irreversible. El láser trabaja en seco y sin contacto, así que conserva la textura original, las marcas de cantero y la pátina natural que protege la piedra.
Para fachadas, monumentos y particulares
Limpiamos fachadas de piedra de comunidades de vecinos, portales, escaleras, chimeneas y elementos decorativos de viviendas, y piezas y edificios de valor histórico. Si la fachada necesita además reparaciones, lo integramos en una restauración de fachada.
Trabajamos en Barcelona y toda su provincia: L’Hospitalet, Badalona, Terrassa, Sabadell, Sant Cugat, Rubí, Mataró, Granollers y alrededores.
¿Tienes un caso parecido?
Te visitamos, estudiamos el edificio y te damos un presupuesto detallado sin compromiso.
Preguntas frecuentes sobre la piedra natural
¿Qué es la costra negra de las fachadas de piedra?
Una capa oscura que forma la contaminación al reaccionar con la piedra, sobre todo con la caliza y el mármol. Además de afearla, acelera su deterioro, porque retiene contaminantes sobre la superficie.
¿Por qué no limpiar la piedra con chorro de arena?
Porque desgasta la superficie, redondea las aristas, borra el labrado y abre el poro de la piedra, que a partir de entonces se ensucia y se deteriora más rápido.

